¿Qué es el estrés?
Al
contrario de lo que popularmente se cree, el estrés no es simple agotamiento.
El estrés es un estado emocional en el que nos encontramos cuando tenemos
demasiadas tareas que hacer a un mismo tiempo. Las presiones sobrepasan nuestra
capacidad, y nos sentimos abrumados e impotentes. Ese estado de ansiedad nos
impide llevar a cabo de manera saludable las actividades cotidianas e incluso
nos quita el apetito y el sueño.
Como
todos deseamos agradar a los demás y recibir amor, el miedo a no conseguir lo que
se espera de nosotros nos hace esforzarnos más allá de nuestros límites, lo
cual, si se prolonga demasiado, acaba teniendo consecuencias negativas para
nuestra salud.
¡El estrés
es bueno!
El
estrés es esencialmente una inyección de energía adicional. Cuando los seres
humanos de épocas primitivas se enfrentaban a un peligro inminente sin tener
tiempo para prepararse, se veían obligados a tomar una decisión inmediata: huir
para salvar la vida o hacer frente al enemigo. Es un mecanismo de defensa, la
denominada respuesta de “huir o luchar”, que compartimos con los demás
mamíferos. Nuestro organismo pone en marcha una serie de reacciones --aumento
de los latidos del corazón y de la tensión arterial, mayor aporte de sangre a
los músculos, mayor agudeza visual-- a fin de prepararnos para la lucha.
Además, para asegurarse de que nada nos distraiga, se inhiben otras funciones del cuerpo tales
como la digestiva.
Si
el estrés es energía, ¿por qué no aprovecharla? Podemos sentirnos estresados cuando
nos enfrentamos a una tarea nueva que desconocemos, a un examen importante, a una
entrevista que nos intimida, a una carga de trabajo que nos desborda... En
estos casos, lo más inteligente es recibir con los brazos abiertos el torrente
de vitalidad y de claridad mental que inunda nuestro organismo de pronto y
utilizarlo a nuestro favor, para obtener los mejores resultados.
Cuando el
estrés es malo
Ese
estado de excitación fue diseñado para durar poco tiempo; si se prolonga
demasiado, supone un tremendo desgaste y
acaba repercutiendo en nuestra salud fisica y psicológica, de modo que hay que
aprender a mantenerlo a raya. He aquí algunas sugerencias para controlar el
estrés:
- Busca
el origen, aprende a identificar las situaciones que te estresan en tu vida
diaria y escríbelas en un papel. El mero hecho de detectarlas y definirlas
ya nos ayuda a perderles el miedo.
- Desarrolla mecanismos para hacerle frente. Sé asertivo y flexible, prioriza las tareas, diferencia entre lo importante y lo urgente.
- Deja siempre un hueco específico para las tareas imprevistas o urgentes que puedan surgir.
- Sé dueño de tus estados de ánimo. Ríe y sonríe (el cerebro está interconectado con las expresiones faciales).
- En resumen: toma el control aplicando una energía calmada. Despertarás la admiración de los demás.



